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Lost the control, lost the game. — Cedrella.

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Lost the control, lost the game. — Cedrella.

Mensaje por Amycus M. Carrow el Lun Jul 22, 2013 8:52 pm

Aunque pudiese parecer lo contrario fijándose en su tamaño, Amycus Carrow comía bastante poco, en cuanto a cantidades se refiere, por supuesto. Por eso no era de extrañar verlo levantarse el primero de la mesa de Slytherin y abandonar el Gran Comedor rumbo a la Sala Común de las serpientes; que, justamente era donde se encontraba en ese preciso instante. Con un libro bien cuidado de Historia de la Magia entre las manos, sentado cómodamente en un mullido sillón verde de la amplia salita. El fuego mágico chisporroteaba en la chimenea, aunque no calentaba demasiado la húmeda estancia. Amycus aún no se había quitado el uniforme de Slytherin, aunque sí que llevaba las mangas de la camisa remangadas hasta los codos, y el nudo de la corbata flojo sobre el pecho. Bostezaba de cuando en cuando, pero no era sueño lo que tenía. Si no, más bien, aburrimiento. Generalmente, el varón de los Carrow disfrutaba de los pequeños momentos de tranquilidad como aquel, en la solitaria Sala que gneralmente estaba abarrotada de gente. Y no, no necesitaba tirarse el día parloteando como una cotorra con unos y con otros. El de los ojos verdes hablaba lo justo y necesario, lo adecuado, lo que él creía oportuno.

Pero aquella noche, esa en la que el cielo estaba insólitamente despejado y la luna brillaba más alta que de costumbre, Amycus también estaba raro. Le apetecía charlar, mantener una conversación interesante que no estuviese llena de las quejas de Alecto o la fanfarronería del gilipollas de Malfoy. No, aquella noche, Amycus quería otro tipo de compañía. No podría decir muy bien cuál, en cambio. De hecho, incluso se asomaría a la ventana a observar al cielo si las serpientes no estuviesen confinadas al subterráneo del castillo, allí donde por la ventana no se colaba más que el verdoso color del lago.

Cerró el libro de un golpe, sin mirar siquiera antes por qué página se encontraba. Le daba igual, no había estado prestando atención a la lectura, por lo que más tarde tendría que volver a mirarse las páginas ya pasadas. Se estiró en su asiento y se levantó al poco, caminando hacia una de las pocas estanterías comunes que vestían las paredes de la sala. Buscó con el dedo ese ejemplar viejo sobre tácticas de ajedrez mágica; Amycus era un gran amante de ese juego, desde que su padre se había propuesto enseñarle un verano, allá por cuando él tenía unos diez años.  Sus cejas se fruncieron cuando no lo encontró. Volvió a mirar, por si acaso, pero nada. Entonces buscó por la sala, por si algún inútil lo había dejado encima de alguna mesa. Y allí estaba, sobre una mesa, y bajo las narices de un delgaducho rubio que no conocía de nada.  Amycus caminó hacia él, con el paso tranquilo, y carraspeó cuando se encontraron cara a cara. El muchacho alzó la vista y lo miró, sin entender muy bien qué quería. La ceja izquierda del Carrow se alzó, y alargó una mano hasta el libro. — No deberías coger cosas que no son tuyas.— Comentó, como si nada, dejándose caer sobre la mesa con ambas manos.  "Estos libros son de todos, son de Hogwarts." Myc apretó los dientes, tensando la mandíbula. Realmente había creído que podía mantener una charla sobre ajedrez con aquel renacuajo, pero la impertinencia de su voz le puso los nervios de punta. Carraspeó nuevamente antes de sacar la varita, y dirigir una floritura al muchacho, que fue lanzado hacia atrás por una fuerza invisible y calló de culo contra el suelo a varios metros de distancia. Amycus sonrió de lado, satisfecho, y tomó el libro de la mesa.

Se giró sobre sus talones, y volvió a caminar hacia el sillón donde minutos antes había estado sentado. Pero otra figura lo ocupaba; una preciosa, llena de curvas y protagonizada por una larga cabellera rubia. — ¿Te aprovechas de que eres una dama, y no puedo reprocharte que me hayas quitado el sitio? — Preguntó, con media sonrisa encantadora, mientras se colocaba delante de ella, pero aún de pie. Cedrella Nott era una mujer preciosa, y Amycus no lanzaba hechizos a las mujeres preciosas.
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Amycus M. Carrow
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Re: Lost the control, lost the game. — Cedrella.

Mensaje por Cedrella G. Nott el Miér Jul 24, 2013 1:15 pm

- Apártate de mi camino Trelawney, no creo que quieras vértelas conmigo enfadada, ¿verdad? Pues ya sabes lo que tienes que hacer.- Sin duda alguna,en ocasiones, no había nadie más cruel que la joven Nott. Pasó por al lado de la joven de Ravenclaw, no sin antes darle un buen codazo y hacer que sus libros cayeran al suelo y prosiguió con su camino, dirigiéndose así hacía la biblioteca, no era muy típico en ella pero aquella mañana la habían obligado a ir, ni siquiera sabía quién narices se creía aquel profesor para hablarla como la había hablado en su clase pero aún así la rubia no quería más problemas, así que había aceptado sin pensárselo dos veces. Tras unos pasos más, la joven Slytherin se encontraba dentro de aquel horrible lugar, ¿cómo podía ser la biblioteca el lugar preferido de muchos de los alumnos de Hogwarts? Ni ella misma podía creer aquello, pero allí estaba y tenía que buscar lo que aquel hombre le había pedido. Poco tardó en terminar aquellos pergaminos con toda la información que tenía que buscar y caminó -de nuevo- hacía el aula de aquel profesor y tiró el pergamino encima de su mesa, le dedicó una sonrisa -bastante forzada- y siguió su camino, pero esta vez se iba a descansar, iba directa hacía su sala común y esperando que nadie se entrometiera en su camino, si es que no quería ver a la verdadera Cedrella.  A veces, ni ella misma sabía ni entendía el porqué de que en Hogwarts hubiera tanta gente estúpida y que no sabía respetar los verdaderos ideales del mundo mágico y eso la ponía -realmente- de los nervios. No soportaba a los mestizos, ni mucho menos a los hijos de muggles y a esos que se creían superior a ella, ¿qué narices se creían?

Tras caminar por los pasillos del castillo, la rubia -por fin- había llegado a su destino a las mazmorras, para así poder entrar en su sala común y estar un rato sola y en la mayor tranquilidad posible, ya que lo necesitaba. Pasó rápidamente y subió las escaleras hacía su dormitorio mientras observaba como no se encontraba sola si no que su hermana menor se encontraba allí y algo decaída, se acercó a ella con sutileza y la abrazó por detrás, Ced no era demasiado de dar abrazos a nadie -ni mucho menos de demostrar su lado dulce en público- pero con su hermana era diferente, era parte de su familia, era importante para ella. - Eh, ¿qué pasa Dru? ¿Es que acaso has vuelto a pelear con Abraxas? ¿O esta vez ha sido con Theodore? ¿O quizás con nuestro querido primo? Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? Sea lo que sea me lo puedes contar, no voy a decirle nada a nadie. - Y dicho esto, volvió a abrazarla, pero poco tardó en separarse de ella, ya que estaba viendo que no le estaba haciendo la más mínima gracia, Druella era así, podía ser la chica más dulce del mundo o todo lo contrario, en eso se parecía muchísimo a la propia Cedrella, las dos niñas de la casa -sin contar a su madre- se parecían mucho y eso era algo que siempre le había agradado a su padre. Se separó de ella y caminó hacía su cama tirándose en ella, no sin antes quitarse su túnica y dejarla a un lado, estaba harta de ella, la agobiaba demasiado y no la dejaba mostrar quién era en realidad, o al menos eso pensaba ella, ya que -como podía verse- era bastante coqueta y siempre la gustaba verse bien.

Los minutos pasaban y su hermana aún no había abierto la boca, ni siquiera se limitó a decirla nada ya se había preocupado por ella, no iba a dejar que terminara de volverla loca, cuando quisiera hablar con ella, estaba segura de que lo iba a hacer. Dio media vuelta sobre su cama y notó como sus párpados comenzaban a cerrarse ligeramente hasta notar como se había quedado dormida, se despertó sobresaltada y notó como se encontraba sola en su habitación mientras que se encontraba tapada con una manta que seguramente se la había echado encima su hermana menor, cuando quería era adorable con ella. A los dos minutos saltó de la cama y sin coger su túnica ni nada más se limitó a bajar a la Sala común no había demasiada gente pero con solo los alumnos que había se agobiaba ligeramente. Vio un sillón libre a un lado de la sala y no dudó ni un momento en caminar sobre el para así sentarse y leer un libro sobre hechizos que le había regalado su padre por su cumpleaños, se limitó a colocarse cuando una voz la sobresaltó. - Oh Amycus, querido, será por sitios tienes muchos libres, ¿no será que te apetecía llamar mi atención? Que lo entiendo. - Le guiñó el ojo divertida y abrió el libro con la delicadeza posible que pudo, llamar su atención siempre estuvo en sus planes. - O podríamos compartir el sitio, cuanto más juntos mejor, ¿no?- Alzó la ceja mientras se levantaba y le dejaba un pequeño hueco al joven, parecía que aquel día la rubia quería divertirse y Amycus se había cruzado en su camino.



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Re: Lost the control, lost the game. — Cedrella.

Mensaje por Amycus M. Carrow el Jue Jul 25, 2013 9:49 pm

Alzó una ceja, mientras la voz de la rubia llegaba a sus oídos.  Soltó una carcajada cuando escuchó su primera pregunta. Realmente, no intentaba llamar una atención de la que se sabía dueño, pues nunca le había hecho falta demasiado para notar los ojos de la gente pegados a él. Sobre todo, de las féminas. Amycus Carrow era perfectamente consciente de su atractivo, y jamás había necesitado siquiera abrir la boca para que se le hiciese caso. Por egocéntrico que sonase, estaba absolutamente convencido de que aquello era cierto. Y poseer la atención de Drella se le antojaba interesante, incluso agradable; no todo el mundo podía presumir de que Cedrella Nott le dedicase un minuto de su tiempo. — Verdaderamente, ocupas el sillón más cómodo de toda la sala. Aunque ahora que lo dices, lo de tu atención está mucho mejor. — Sonrió de medio lado, ladeando la cabeza. Su padre siempre había sido constante en inculcarle que la educación y la caballerosidad era algo que un Carrow no podía permitirse perder, al menos no ante mujeres como esa. Ares Carrow estaba bastante orgulloso de la relación tan estrecha que su hijo tenía con la mayor de las Nott, incluso tenía esperanzas de vincular un futuro compromiso entre ambos chicos.

Rió entre dientes, como de costumbre, cuando ella propuso compartir el asiento. El descaro de Drella, para nada sutil, le parecía  encantador. O, como poco, apetecible. Aquel tipo de comentarios no le incomodaban en absoluto, aunque rara vez solía caer en ese juego de palabras. Se humedeció la lengua con los labios mientras la miraba, con sonrisa feroz y los ojos entrecerrados y clavados en los de la chica. Una mirada intensa, desde luego. Asintió con la cabeza, aflojándose el nudo de la corbata y se sentó en el pequeño hueco que le había sido cedido. Alzó las piernas de la rubia con facilidad, y las pasó por encima de las suya, buscando la máxima comodidad para ambos. Dejó caer las manos sobre las rodillas desnudas de la chica y la miro, mientras se acomodaba un poco más en el asiento. — Ahora sí que es el mejor sillón de todo el castillo. — Le guiñó un ojo, ampliando un poco más su sonrisa afilada. Cerró los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás de forma relajada. — ¿Qué maldades has hecho hoy? — Sus dedos empezaron a subir y bajar distraidamente por una de las largas piernas de la chica, desde su tobillo hasta el dobladillo de su falda.

OFF: PERDONA QUE SEA CORTO, NO DOY PARA MÁS. PERO NO QUERÍA DEJARLO MÁS TIEMPO.
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Re: Lost the control, lost the game. — Cedrella.

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